Los viajes del amor. "Capítulo No 1: El Caribe... La Conquista"

Este nuevo proyecto se está tornando difícil, paso más horas de lo normal en la oficina y aunque hay nuevos miembros en el equipo de trabajo, no estamos dando a basto. Lo único bueno, de esta locura es que estoy retomando mi forma, comer poco y correr mucho han ayudado a que mi cuerpo vuelva a tornarse voluptuoso y sexy, como era antes.

Hoy es martes, uno de los días más tranquilos de la semana en la Corporación por eso tengo tiempo suficiente para tomarme un receso y un café caliente, usualmente me siento sobre la mesa de juntas y me relajo mirando hacia el primer piso, los veo trabajando a todos, a diferentes velocidades, pensando quien sabe en qué… me transporto unos segundos a un lugar de relajación y regreso a mi escritorio.

Pocos minutos después de reacomodarme, mi jefa entra de golpe a mi oficina y empieza con una diatriba interminable:

-       Marianne debes viajar a dictar la conferencia en Cartagena y no hay opción, ni mucho menos discusión, debes elegir con quien iras, además debes impartir el taller práctico del laboratorio social – dijo mi jefa sin importarle que podía estar pasando por mi cabeza.
-       Pero, ¿No puedes delegar a alguien más? Aunque La Heroica es el sueño de cualquiera no tengo tiempo en estos momentos – dije con suavidad, obviamente lo último que deseo es despertar la ira de mi jefe quien siempre ha sido considera conmigo, tratándome casi como una hija más.
-       No, debes ir tú y punto final. Ve y recluta a tu equipo para esta tarea. No quiero escuchar una palabra más Marianne – exhorto mi jefa, cerrando la puerta de mi oficina dejándola prácticamente de vaivén.

Resignada, retome en unos archivos de mi computador y empecé a hojear la bendita conferencia, imaginando quien tendría la capacidad de ayudarme. Después de unos minutos de meditación frente a la pantalla me incline por tres personas. Primero Angie, mi mano derecha, la segunda al mando en nuestra dirección; luego seleccione a Steven el pasante del área de comunicaciones quien es muy inteligente pero aún no comprende su verdadero potencial y Marc nuestro jefe de mercadeo social recién llegado a nuestro equipo de trabajo pero con ideas claras y excelentes propuestas.

Llamé a cada uno y les di la buena noticia, cuatro días y tres noches con todos los gastos pagados en un apartamento frente al mar en Bocagrande. Creo que vi más sonrisas que un viernes a la hora de salida, el vuelo era en tan solo dos días y prometieron dejar a día todos sus pendientes.

La consecución de los tiquetes aéreos no fue fácil y no pudimos viajar juntos, muy temprano en la mañana del jueves Marc y yo tomamos el primer vuelo, Angie tomó el de final de la tarde dándole tiempo de corregir unos documentos que le solicite y Steven en el primer vuelo de la noche al no haber más disponibilidad.

Llegamos con Marc a Cartagena, era su primera vez. Ver las murallas de la ciudad para él fue maravilloso, no paró un segundo de hablar de lo bellas que se veían o lo hermoso del mar en nuestro camino hacia Bocagrande. Lo primero que hicimos al llegar fue registrarnos en el apartamento, cuando lo notamos habían solamente apartamentos de dos habitaciones aunque habíamos solicitado uno de tres, pero no nos íbamos a amargar por ese detalle. Steven y Angie que son grandes amigos (bueno amigas porque Steven es gay declarado) ya habían decidido quedarse juntos para compartir secretos de chicas, eso según los planes, nos dejaba a Marc y a mí con una habitación para cada uno. Pero ni modo, tendríamos que compartir, afortunadamente una de las habitaciones tenía dos camas grandes y un buen baño así que no habría inconvenientes entre Marc y yo; seleccionamos esa habitación y yo tome la cama al lado de la ventana, lejos del aire acondicionado que en realidad no es nada agradable para mi gusto. Aunque para mí no es común compartir habitación con hombres que no sean mi pareja, ya somos lo suficientemente maduros como para hacerlo sin mayor inconveniente.

Al finalizar nuestro registro salimos a comprar algunas provisiones y unas bebidas espirituosas (si, si cerveza) para el calor tan fuerte que se sentíamos, abrimos de lado a lado las ventanas corredizas del balcón en nuestro departamento en el piso 34 entregándonos una vista maravillosa del mar, nos dispusimos a hablar de lo divino y lo humano, con esas deliciosas y refrescantes cervezas al ritmo  del mejor rock clásico.

Las cervezas fluían y fluían, mientras nosotros comenzábamos a acercanos un poco más de lo habitual, nunca había notado antes lo interesante que era Marc y las increíble cantidad de cosas que teníamos en común desde el tipo de música hasta la marca de cerveza, tampoco había visto su cuerpo tan marcado, realmente apetecible; tampoco me imagine que tuviera tatuajes, hasta que vi dos espectaculares en su espalda que noté cuando decidió quitarse su camiseta por el calor.

La brisa era deliciosa y bebíamos sin medirnos, nos sentíamos en total confianza,  tanto que nuestros cuerpos ya comenzaban a sentir la proximidad del otro, lascivos, cada vez estábamos más cerca, bien fuera mirando al horizonte o bailando al son de la música. Pero nuestro espacio término, llego Angie y esa era nuestra señal para iniciar la preparación de la cena para todos, pues Steven llegaría más o menos dos horas después. Nos fue algo difícil cocinar, no puedo negarlo, sonrientes y un poco mareados hicimos los mejores espaguetis que se puedan imaginar después de haber bebido cada uno al menos unas quince cervezas.

Al finalizar la cena siendo tan solo las diez de la noche, decidí irme a la cama. Si seguía bebiendo de esa manera me iba a ser imposible disimular lo mucho que me estaba llamado la atención Marc, además nuestra conferencia iniciaba a las ocho de la mañana y no quería llegar con muestras de resaca. Me puse el pijama más sexy que empaque, una camisetica de tiritas que tan solo cubría incipientemente mis pechos y un pesquero que dejaba ver mi tatuaje en la pierna derecha, así desinhibida y mostrona fui a despedirme de todos mis compañeros (especialmente de Marc) y me acosté en mi cama.

Mientras dormitaba (eso creo) sentí como me acariciaban mi rostro y se alejaban por un momento, pero de repente sentí como Marc se tiraba sobre mi besándome con una pasión increíble, sus manos recorrían mi cuerpo caliente despojándome de mi pijama dejando tan solo la diminuta tanga, comenzó a deslizar su boca por mi cuello besándolo suavemente haciéndome retorcer de placer, luego con su lengua empezó a jugar con mis pechos entregándoles un placer impresionante, haciéndolos crecer y endurecer con cada lamida, yo estaba loca de placer, gemía, le decía al oído que no se detuviera.

Solamente puedo decir que estaba entregada a él para que hiciera de mi lo que quisiera, me corrió la tanga para un lado y acercó su mi miembro erecto y palpitante, le pedí que me penetrara, moría de deseo por él y quería sentir como llenaba mi vagina con ese pene que estaba anhelando desde hacía muchas horas. Empezó a penetrarme lento muy lento, quería que disfrutará cada milímetro de su verga mientras me seguía besando apasionadamente, como si quisiera devorarme por completo.

Pero de golpe, el sonido de mi alarma me despertó, encontrándome sola en mi cama, sudorosa y húmeda, mire a todos lados y no encontré Marc, ya no estaba en su cama. Rápidamente revise si tenía puesta mi pijama y para mi sanidad mental, todo estaba en orden. Busque mis sandalias y me deje guiar por el intenso aroma a café que provenía de la cocina, era Marc preparándonos a todos el primer café del día.


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